Exasambleísta y activista trans publica reseña de lo vivido durante el embarazo de su esposo

La activista y ex asambleísta Diane Rodríguez, junto a su pareja trans Zack Elías, compartieron fotos de su hija recién nacida: «Hemos sufrido mucho como pareja trans… pero no importa, al final tener a nuestra hija Vallimarié lo compensa todo. Te amamos oruguita.», publicó Rodríguez.

Días pasados la defensora por los derechos LGBTIQ+, compartió de igual forma una carta dedicatoria de su actual pareja trans Zack Elías, mismo que estuvo embarazado y dio a luz a su hija por el método de cesárea. Compartimos carta publicada en sus redes a continuación.

Comparto el viacrucis (y otros no contados) que vivimos Zack y yo para tener nuestra hija; relatado por el. Del muro de Zack:Por fin, ya está con nosotros Vallimarie 🌺Quiero darme mi tiempo en compartir con ustedes este proceso extraordinario que la vida me ha dado. No fue fácil, pero lo conseguimos… y si que lo conseguimos satisfactoriamente.En la actualidad tengo 3 años con Diane, no hablaré de nuestra relación porque este es el resultado de lo feliz que somos durante ese tiempo. Estuvimos intentando cerca de 2 años para poder tener hijos, vaya que nos resultó difícil. Incluso empezamos a creer que se nos haría imposible, debido a ciertos problemas de ambos. Yo nací con útero retroverso, quedé afectado por el tiempo que tuve de tratamiento hormonal con mi transición, me afectó el hecho de inyectarme hormonas masculinas. Atrofio hasta donde entiendo mi utero para no hacerlo fértil. Por eso, mucho cuidado con las hormonas que no es un juego. Es casi una decisión de por vida. A Diane, en cambio le sucedía algo parecido. Las hormonas que se tomo (hace ya 15 años que no se hormoniza y los daños aún no terminan), le causaron infertilidad. Incluso sé que se sometió a una operación hace seis para mejorar su fertilidad, pero le dijeron que era progresivo (es decir que a pesar de operarse seguiría deteriorándose su fertilidad). Un último examen que se hizo Diane, demostró que no cumplía el mínimo de espermatozoides para estar en un grado apto de fertilidad. Incluso lo comparo con un examen desde hace años atrás y descendió más del 50% en fertilidad. Se cumplía lo que el médico le había dicho que su fertilidad decaía con los años. Con estos exámenes y consultas nuestras esperanzas se habían acabado. Todo lo que estábamos anhelando era tener un bebé. Termino del 2019 e inicios del 2020, empezamos a buscar clínicas de fertilidad y ver si estaban a nuestro alcance. En ese transcurso de búsquedas no solo en Ecuador, sino en países vecinos fueron cerca de 20 clínicas que nos dieron información para poder empezar un tratamiento. Algunas clínicas pasaban el 15% de un salario básico solo las consultas, pero ni nos gustaban, ya sea por el trato o por la falta de profesionalismo y otros por su estigma al ser nosotros personas Trans. 12 de Marzo del 2020 coincidimos con un especialista en la ciudad de Quito, luego de tener un viaje amplio de Guayaquil a Esmeraldas y llegar hasta Colombia. Visitamos por última vez una clínica de fertilidad, nos pareció muy interesante, y lo más importante de todo, nos sentimos muy cómodos con el trato de aquel Dr. dónde nos mencionó que no éramos los primeros (personas trans) en haber visitado su consultorio. Luego de una conversación muy acertada en cada punto, nos indico los procesos que podríamos escoger para poder tener un bebé.Estábamos muy contentos porque sentimos que llegamos al lugar indicado y que sería lo más rápido de lo que habíamos imaginado hasta que nos indicaron el valor del procedimiento. No hablaré de aquello, pero si era un valor muy elevado. Nos agobiamos porque nuestro sueño ahora sí ya estaba muy lejos de alcanzarlo. Hoy en día pienso que todas las personas que han pasado algo parecido y que quizás, aún siguen viviendo con aquello. Es terrible, más aún cuando lo anhelas tanto. Con las ganas en el piso y sin ánimos llegó la pandemia. Decidimos regresar un tiempo a Guayaquil (Ya que vivimos en Quito) y nos olvidamos de aquel asunto para poder avanzar, pese a que ya habíamos agotado todas las opciones. Sin embargo, yo tenía esperanzas de que suceda lo que tanto queríamos. Los meses pasaron, encerrados en medio de la pandemia, fue una época terrible, casi apocalíptica en Ecuador. Recordemos que en medio de la pandemia a Guayaquil se la denominó la Italia chiquita en toda latinoamericana. Aveces no sabíamos si fue correcto ir a Guayaquil. Diane empezó a obtener su habitualidad que tenía antes y que la había dejado debido a que frecuentemente viajabamos. Entre las variadas cosas está su alimentación que era irregular. Durante la pandemia subimos de peso y entre la dieta sobre todo de Diane (a mi no me gusta), empezó a tomar nuevamente agua de coco. Antes de eso ya habíamos leído muchos artículos dónde hacian mención de que el agua de coco era muy efectivo para generar fertilidad en varones (varona en el caso de Diane) A pesar de eso, la toma de agua de coco en Diane es por sus riñones más que por la propia fertilidad. Yo empecé a preparar mi útero con ácido fólico, pensando en que cualquier momento podríamos encontrar alguna clínica que se ajuste al presupuesto que podríamos pagar. El estar encerrado, nos hizo convivir más, conocernos más como personas, conocer nuestros cuerpos a profundidad y jugar íntimamente todos los días. Una cosa muy importante de eso fueron las posiciones que teníamos, para satisfacernos. Sin imaginar de que eso también era un punto a favor (según leímos después en varios artículos). Siguieron pasando los meses, el pico de la pandemia ya estaba bajando y empezamos a tener nuestras vidas como lo era antes, con actividades por el activismo de ella, los viajes de ciudades a ciudades y así sucesivamente. Pero aún mis esperanzas no se habían perdido. Todos los días le pedía a Dios que nos diera aquella oportunidad de ser padres. Los meses pasaron muy rápido, mi menstruación ya era normal a la fecha ajustada de todos los meses.Hasta que llegó el día en que no me bajo. Era el 6. Sentía cólicos menstruales como en todos los meses, pero no bajo. Pasaron los días… llegó el 10 y aún nada. No estaba asustado; sentía que solo se había atrasado y que de pronto bajaría porque mis cólicos aún persistían. Ese día salíamos a comer al Mall, le dije se que será en vano comprar una prueba de embarazo pero, nada quitamos con intentarlo. Regresamos a casa, llegue y lo hice. Estaba tan tranquilo porque sabía que iba a salir negativo, como muchas veces había sucedido. Dejé la prueba sin importancia a un lado. Le entregué la prueba a Diane y fui a la cocina a beber agua. Regresé al cuarto y ella me dice: “mira… ¿que es eso?” Y eran dos rayitas dónde marcaba un positivo. Nos quedamos atónitos ambos. Me quedé en silencio, sonreí y le dije: ¡es positivo! ella no me creía. Cogió la caja para leer las instrucciones. Algo que quiero mencionar es que ¿Quién no sabe que una prueba de embarazo cuando se pintan dos rayas es positivo? Diane tenía la mente bloqueada por la noticia, que no la hizo entrar en razón, que tuvo que verificar nuevamente las instrucciones para poder aceptar lo que yo le decía. Nos sonreímos, me regaló un abrazo fuerte. Un abrazo único, dónde sabía que ya habíamos logrado todo. Al día siguiente fuimos a verificar si todo estaba bien, de hecho lo primero que hice fue una ecografía. De lo entusiasmado que andaba, me indicaron que ya tenía seis semanas. Inicio nuestra mayor felicidad. No queríamos que nadie se enterará, ni nuestras familias. Pasaron dos semanas más. Queríamos llevar un control exacto y en ese momento nos indicaron que tenía un desprendimiento del 12%. Nos sentimos destrozados, aún así seguimos con todas las indicaciones que nos envió la doctora: descanso absoluto, medicamentos y pastillas por dónde quiera. Hasta que en un momento llegué a tener un desprendimiento solo del 3%. Todo fue mejorando. El detalle que venía eran las visitas de ginecología con alguien ya estable y no por emergencia. Era muy tormentoso debido a que siempre nos cuestionaban por ser trans (si, todavía sucede en Ecuador) y no podíamos quedarnos en un solo lugar específico con una sola doctora. Al llegar al tercer mes de gestación, yo ya estaba absorbido. Había quedado desgastado, no comía absolutamente nada porque todo era vómito. Ni siquiera el agua la toleraba. Así fue cómo me golpeó muy fuerte el embarazo durante los primeros meses. Exactamente en el cuarto mes, es que pude recuperarme. Llegó el quinto mes y nos dijeron que la niña quería nacer ya. Confirmaron que tenía placenta previa. Las contracciones durante todo el embarazo jamás pararon. Nuevamente nos indicaron el reposo absoluto. Queríamos que todo esté muy bien sin complicaciones, avanzaron los meses. Comencé a engordar, comía mucho más de lo normal obvio tenía que hacerlo por la bebé. En unos de los chequeos que teníamos nos supieron decir que era necesario visitar a un cardiólogo, para descartar algo malo a futuro, debido a que encontraron una arteria, cuyas intensidades eran muy elevadas en un monitoreo. Mi visita a la cardióloga me lleva a qué me den como resultados, una taquicardia. Nos asustamos aún más, podría tener preclancia. Me enviaron un mapeo para llevar el control de mi presión. A medida que los meses pasaban todo fue más complicado. Muchas cosas me estaban consumiendo en mi estado de gestación. Noches eternas sin dormir, tenía un cuadro de ansiedad y de pánico. La presencia de Diane me hacía sentir tranquilo; tener su apoyo, sus controles, me ayudaron aliviar muchas cosas que hicieron que mi embarazo, sea mejor, de lo peor que pudo haber sido. Aún no hemos llegábamos a la recta final, faltan pocos meses para conocer a nuestra bebé, y aún así seguía siendo más complicado. Contracciones todos los días, pujos y dolores. De eso se baso mi embarazo, fue tan difícil esa etapa; pero fui muy fuerte en todos los aspectos. Llegaba la hora de buscar un lugar donde ya naciera, conocí a una doctora muy buena: la Dra. Regina Morocho. Ella me llevo los últimos controles antes de que naciera mi bebé. Queríamos programar una fecha adecuada pero cada vez era peor. Las contracciones eran seguidas, los dolores seguían y la angustia de que pasara algo muy malo, estaba presente siempre. Aún no era momento, tenía que aguantar más para que mi bebé no naciera en un tiempo que no era el correcto. Me pedían que aguante, que ya faltaba muy poco y pese a que era cierto todo era muy doloroso. Llegamos a la última cita médica para dejar fecha fija, ya la teníamos, cuando me hicieron una revisión ya estaba con 3 de dilatación pero aún no era momento. La niña estaba ubicada en una posición donde su peso me impedía caminar; dónde los dolores eran muy intensos que ya estaba al punto del colapso, dónde pedía que la sacarán, pero era imposible eso. Tuvimos que cambiar fecha, y adelantar todo. A las cansadas llegué a completar las treinta y nueve semanas. Di a luz por medio de una cesárea teniendo una distorcia de presentación. Pero era una niña sana, con un peso dónde entra en los rangos normales y un poco larga. Lloré junto a Diane cuando nació mi bebé. Esta es la experiencia más bella que Dios, la vida y mi esposa me han podido regalar. Aún no la conocía, quería ver su cara por primera vez, estaba ansioso por conocerla. La anestesia se estaba pasando y comencé con escalofríos muy fuertes. Me llevaron a la habitación donde ví a mi familia. En unos minutos entraron a mi bebé. Me la dieron a mi costado derecho. Vi sus ojitos achinados, era un ángel lleno de luz. Me enamoré por segunda vez, quedé como un loco enamorado. Y estoy seguro que, más alla de que amo a mi Amazona (como todos le dicen), también nuestra hija, fruto de nuestro amor, es otro motivo más para continuar el resto de mi vida junto a ella… junto por siempre a Diane Rodríguez Zambrano ❤️

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