Diane y Fernando. Las leyes contra la norma

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Fuente: https://pablocaraballo.wordpress.com/2016/02/29/diane-y-fernando-heteronormatividad/

Diane y Fernando. Las leyes contra la norma

Desde cualquier punto de vista, Diane y Fernando son una pareja heterosexual. Sin embargo, en días recientes se ha sabido que el Registro Civil de Naguanagua (Edo. Carabobo) les negó el derecho a casarse porque tanto ella como él son transgéneros. Si las leyes venezolanas establecen que el matrimonio es una unión civil «entre un hombre y una mujer» (y Diane y Fernando lo son), ¿por qué la formalización de esta relación sería tan problemática? ¿Qué hace que esta unión sea imposible? Según Giovanni Piermattei (deVenezuela Igualitaria), hay razones tanto institucionales como partidistas para ello. Pues dicha formalización le daría fuerza a una lucha (sistemáticamente ignorada por el Estado) que busca transformar el orden jurídico para que se reconozcan ante la Ley aquellas uniones que no se corresponden con la heteronormatividad imperante.

Pero, en verdad ¿podríamos atribuir esta falta de reconocimiento y esta indisposición a una intención consciente de obstaculizar el avance de esa lucha política? Seguramente Piermattei estaría de acuerdo en que hay más que eso, por ejemplo, en la risa burlona del funcionario al que paradójicamente la pareja acudió en busca de apoyo.

Lo que sucede con Diane y Fernando es que la norma que se instituye como legitima y que, en teoría, se corresponde con la legalidad establecida[1], se ve rebasada por la materialidad de dos cuerpos que tienen el derecho de «unirse en matrimonio» a pesar de atentar contra esa norma. Aquí el concepto de heternormatividad es especialmente útil pues si bien se trata de una pareja heterosexual, la negativa a prestarle reconocimiento se debe a su no correspondencia con la norma que se impone incluso por encima de la cuestión legal y hasta de la evidencia anatómica (ya que ni Diane ni Fernando han podido cambiar su sexo legal y ambos conservan sus genitales de nacimiento).

No es necesario aclarar entonces que las trabas que Diane y Fernando han encontrado para casarse en Venezuela no tienen que ver con nuestro marco legal; sino con esta norma social, implícita e infrajurídica, que encuentra en los resquicios de las mismas leyes la oportunidad de restituir las jerarquías de la normalidad: la oportunidad de devolver a los anormales a sus espacios de exterioridad. Por eso no es de extrañar tampoco que el mismo representante de la Defensoría del Pueblo asuma el papel de agresor en casos como este. Parece que el «pueblo» al que se defiende y al que se le declara devoción, está compuesto solamente por los «normales», aún en tiempos de «revolución»[2].

De hecho, es significativo que ―hasta donde leí― la posible solución que el Estado le ha ofrecido a Diane y Fernando es que se casen en otro municipio. Si esto sucediese, se estaría legitimando la negativa de quienes se negaron a casarlos en primer momento y, por tanto, su atribución de imponer sus valores y prejuicios por encima de las leyes. Así, el hecho de que logren casarse pero en otro municipio, a pesar de ser un logro importante, dejaría al desnudo la preeminencia de la norma heterosexual sobre la aplicación (supuestamente igualitaria) de las leyes en nuestro país.

En medio de todo, hay gente que se pregunta si vale la pena pasar por tal periplo para poner la firma de uno sobre un papel. ¿Por qué se expone esta pareja a tales vejaciones para demandar el reconocimiento de quienes insisten en no reconocerlos? ¿Por qué no mejor darse la vuelta y restarle legitimidad a esas instituciones que insisten en negársela a ellos?

Sin pretender responder en su nombre, creo que su motivación es clara. Porque si su unión es imposible, esa imposibilidad normativa no le resta existencia. Diane y Fernando son, finalmente, una pareja que no tendría por qué no gozar de los derechos de los que goza el resto de las parejas. Sin embargo, estos derechos no le son reconocidos. Diane y Fernando podrían conformarse con ese espacio exterior que el orden heteronormativo les asigna. Pero al elegir no hacerlo, al exigir que se impongan las leyes por encima de «lo normal», están abriendo espacios de posibilidad hasta entonces cerrados.

Lo que en términos jurídicos sería un precedente legal, sería en términos mucho más generales un referente de posibilidad.

De modo que, de reconocérsele el derecho a casarse, los avances en una lucha colectiva por el reconocimiento se verían significativamente favorecidos. La insistencia de Diane y Fernando por firmar un papel que les de legitimidad ante el Estado va muchas más allá de ese papel. Sus firmas serían un acto performativo, en un sentido butleriano. Pues al mismo tiempo que esas firmas materializan la demanda de reconocimiento, impugnando así la norma a partir de la aplicación efectiva de las leyes, también obligan a reconocer la existencia de otros cuerpos legítimos y su disposición para relacionarse en los términos tradicionales (tanto como en otros términos).

En otras palabras, el reconocimiento legal no supone un destino inevitable y generalizado de integración acrítica (como parecen asumir algunas personas y organizaciones LGBTI que se oponen al llamado matrimonio igualitario en Venezuela). Si es cierto que las leyes requieren de un contexto de posibilidad para su surgimiento, no es menos cierto que éstas suelen producir nuevos escenarios de posibilidad. La lucha de Diane y Fernando es importante porque abre caminos distintos y no uno solo. Uno de esos caminos es el de la integración a través del reconocimiento formal por parte de una institucionalidad tradicionalmente disciplinaria y homofóbica. Pero también hay otros que remiten a la posibilidad de una existencia más «vivible» fuera de la norma: lugaresotros que no necesariamente reclaman un estatus de legalidad ante este Estado, pero que deben tener una cabida digna en él, mientras exista.

Esta asociación (supuestamente necesaria) entre las leyes y la norma social («lo normal») se pone en evidencia cuando la negativa a legislar sobre ciertos asuntos (como el aborto o las uniones no heterosexuales) encuentra su fundamento en que «el país no está preparado para eso». Se asume así que las leyes existentes de hecho se corresponden con la norma (con «nuestras costumbres», «nuestras tradiciones», «nuestra cultura», etc.) y que hay que cambiar la norma, primero, para que cambien naturalmente las leyes.

La inclinación conservadora (a veces abiertamente homofóbica) de las nuevasizquierdas latinoamericanas se puede constatar en ciertas declaraciones de Evo Morales yNicolás Maduro, en las posturas de Rafael Correa e, incluso, en los silencios del expresidente Hugo Chávez. En Venezuela el texto de Héctor Seijas, titulado «Yo si soy homofóbico», resulta sintomático. Quizá su posición no sea mayoritaria dentro del chavismo, pero es evidente que tiene allí una presencia importante.

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Source: https://pablocaraballo.wordpress.com/2016/02/29/diane-y-fernando-heteronormatividad/

Diane and Fernando. Laws against rule

From any point of view, Diane and Fernando are a heterosexual couple. However, in recent days it has been known that the Civil Registry Naguanagua (Edo. Carabobo) denied the right to marry because she and he are transgendered. If Venezuelan law states that marriage is a civil union “between a man and a woman” (and Diane and Fernando are), why the formalization of this relationship would be so problematic? What makes this union is impossible? According to Giovanni Piermattei (Egalitarian Hotels.com guest), there are both institutional and partisan reasons for it. For this formalization would give force to a fight (systematically ignored by the state) that seeks to transform the legal system for recognition before the law those unions that do not correspond to the prevailing heteronormativity.

But in truth can we attribute this lack of recognition and this indisposition to a conscious intent to hinder the progress of the political struggle? Piermattei surely would agree that there is more than that, for example, in the mocking laughter of the official who paradoxically the couple came for support.

What happens with Diane and Fernando is that the rule is instituted as legitimate and in theory corresponds to the set legality, is overwhelmed by the materiality of two bodies that have the right to “join in marriage “despite threatening that standard. Here the concept of heternormatividad is especially useful because although it is a heterosexual couple, refusal to lend recognition to its non-correspondence should be the standard that prevails even beyond the legal question and even anatomical evidence (and Diane neither Fernando nor have changed their legal sex and both retain their genitals at birth).

Needless to say then that the obstacles Diane and Fernando found to marry in Venezuela do not have to do with our legal framework; but with this social, implicit and infrajurídica rule, which is in the cracks of the same laws the opportunity to restore normal hierarchies: the opportunity to return to their spaces abnormal externality. So it is not surprising either that the same representative of the Ombudsman assumes the role of aggressor in cases like this. It seems that the “people” who defends and declares that devotion, is composed only of “normal”, even in times of “revolution”.

In fact, it is significant that up to Leiden where possible solution that the State has offered Diane and Fernando is to marry in another municipality. If this happens, it would be legitimizing the refusal of those who refused to marry them first time and therefore their power to impose their values ​​and prejudices above the law. Thus, the fact that able to marry but in another municipality, despite being a major achievement, would bare the preeminence of the heterosexual norm on the (supposedly egalitarian) application of the laws in our country.

In the midst of all, there are people who wonder if it is worth going through this journey to put the signature of one on paper. Why this pair is exposed to such vexations to demand the recognition of those who insist on not recognizing? Why do not we turn around and delegitimize these institutions insist deny it to them?

Without pretending to answer in his name, I think his motivation is clear. Because if their union is impossible, impossible that legislation does not detract existence. Diane and Fernando are finally a couple would not have why not enjoy the rights enjoyed by the rest of couples. However, these rights are not recognized him. Diane and Fernando could settle for that outer space heteronormative order assigned to them. But by choosing not to, by requiring that laws are imposed above “normal” are opening up spaces of possibility then closed.

What in legal terms would be a legal precedent, it would be in much more general terms a benchmark of possibility.

So, to be accorded the right to marry, advances in a collective struggle for recognition would be significantly favored. Diane’s insistence and Fernando to sign a paper that gives them legitimacy in the State generally goes beyond that role. Their signatures would be a performative act, in a sense Butlerian. For while these firms materialize the demand for recognition and challenging the rule from the effective implementation of laws also require to recognize the existence of other legitimate bodies and their willingness to engage in traditional terms (much as in other terms).

In other words, legal recognition is not a destination inevitable and uncritically generalized integration (as some people seem to assume and LGBTI organizations who oppose equal marriage called in Venezuela). If it is true that laws require a potential context for its emergence, the fact remains that they tend to produce new scenarios possibility. Diane struggle and Fernando is important because it opens different ways and not one. One of those ways is the integration through formal recognition by a traditionally disciplinary and homophobic institutions. But there are also others that refer to the possibility of a more “liveable” existence outside the norm: lugaresotros not necessarily demand a legal status before this State, but must have a worthy place in it while there.

This association (supposedly necessary) between laws and the ( “normal”) social norm is evidenced when the refusal to legislate on certain matters (such as abortion or non-heterosexual unions) is founded on that “the country does not he is ready for that. ” It is thus assumed that existing laws in fact correspond to the standard (with “our customs”, “our traditions”, “our culture”, etc.) and you need to change the standard, first, that naturally change the laws .

The conservative bias (sometimes openly homophobic) of Latin American nuevasizquierdas can be seen in certain statements of Evo Morales yNicolás Maduro, in the positions of Rafael Correa and even in the silences of former President Hugo Chavez. In Venezuela Hector Seijas text, entitled “I’m homophobic if ‘is symptomatic. Perhaps his position is not within the Chavista majority, but clearly has a significant presence there.

Transfobia de funcionarios venezolanos altera el sueño de Diane y Fernando de casarse

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