Los GLBTI aún pagan una condena moral

Los GLBTI aún pagan una condena moral

→Mañana se cumplen 20 años de la despenalización de la homosexualidad y el grupo se siente discriminado.

Hoy pueden caminar libremente por las calles del país, sin el peligro de que algún uniformado se acerque y los lleve presos ‘por faltar a la moral’ a la sociedad.

Esa es la principal conquista que alcanzaron los gays, lesbianas, bisexuales y trans (GLBTI), pues hace 20 años la homosexualidad era penada en el país.

Sin embargo, Estrella Estevez, la primera trans con identidad sexual femenina, considera que la discriminación y el irrespeto de la sociedad a lo diferente se mantienen. “La gente te mira con disimulo y recelo. Las condiciones en las que uno crece no son de igualdad en educación, salud y trabajo”.

Su traje rojo intenso la hace fácilmente identificable, en la mañana de un día ordinario, en el Parque Central de la parroquia Yaruquí, al oriente de Quito.

Estrella Estevez reside en la parroquia de Yaruquí, en Quito. Fue la primera trans con identidad femenina en el país y parte del grupo Coccinelle. Foto: Jhon Guevara / et

Fue parte del movimiento ‘Coccinelle’, primera asociación de trans que impulsó el retiro del primer inciso del artículo 516 del Código Penal, que castigaba con prisión de 4 a 8 años las relaciones homosexuales consentidas entre adultos.

En las décadas de los 80 y 90 participó en eventos para recolectar las firmas que permitieron pedir al Tribunal Constitucional la abolición de este articulado y del trato delincuencial que recibían hasta ese momento. “Los trans fueron los más discriminados y vejados, sobre todo en el gobierno de León Febres Cordero (1984-1988. La violencia se acentuó”.

Evoca con nostalgia un instante en esa época cuando fue encarcelada solo por estar en la acera pública. “Salí a comprar el periódico y un policía me tocó mi hombro y me llevó detenida por ‘atentar contra la moral’, que era una de las frases preferidas por los gendarmes para arremeter contra los transexuales”.

Desde los cinco años, Estrella pensaba que era una niña y se sentía así. En la escuela y el colegio la identificación aumentó, pero también las críticas por ser ‘anormal’ y mostrarse con faldas y vestidos.

Su familia la aceptó desde un inicio e intentó protegerla de la condena social impidiéndole que salga a divertirse, pese a que como estudiante su conducta fue intachable y sin vicios.

Con el tiempo su apego femenino fue mayor y su carácter endureció para soportar toda la discriminación que le impedía sentirse libre.

Desde ese momento hasta hoy hace lo que cree que está bien. “No vulnero, ni ofendo a nadie y espero lo mismo del resto de personas; pero tristemente la vida no es así”.

Su mayor satisfacción, hasta el momento, es participar en la defensa de los derechos humanos en favor de los transgéneros. “Me llamó la atención y me llenó que la sociedad -que pensamos no nos quiere- apoyó sin restricción cuando necesitamos sus firmas en la Plaza Grande”.

Actualmente, Estrella considera que el reconocimiento del género en la cédula no es suficiente, si no que va de la mano con el cambio en la partida de nacimiento.

En el libro Los fantasmas se cabrearon, el autor Alberto Cabral, quien fue uno de los fundadores de la primera asociación trans del país, describe la vulneración de derechos sufrida por cientos de personas GLBTI en manos de la fuerza pública.

Torturas, humillaciones, agresiones físicas y sexuales fueron parte de la forma de represión que la Policía utilizó entre 1980 y 1990.

El libro cuenta que muchos de los agredidos perdieron la vida y sus casos quedaron en la impunidad porque sus propias familias los expulsaron al verlos con una inclinación sexual diferente de la normada y aceptada en la época.  En esos años se establecieron bares y espacios solo para los ‘diferentes’.

La visibilización

Para la investigadora y docente del Instituto de Igualdad de Género de la Universidad Central, Paulina Palacios, las dos décadas de despenalización de la homosexualidad permitieron visibilizar la lucha por la igualdad y libertad de las personas que tienen una orientación sexual distinta a la heteronormada, que se supone que es la legítima.

“Pese a que la normativa planteaba la igualdad, los GLBTI seguían excluidos y su orientación sancionada como un delito, que luego pasó a catalogarse como enfermedad, que tampoco es bueno”.

La catedrática explica que aún se cree que el homosexualismo, lesbianismo y las diferentes inclinaciones sexuales son patologías que se pueden curar. “Por eso existen clínicas que ofertan servicios para ‘sanar’ esta condición y lastimosamente con esto se alienta la idea de que las ‘inconductas sociales’ pueden cambiar”.

La experta considera que las nuevas generaciones tienen una comprensión de la condición humana muy amplia y conocen la diversidad enorme del ser humano. “Pero hay un tejido social conservador y caduco que considera al diferente como una persona enferma, disminuida, mala que puede contagiar y eso es una incomprensión inhumana e inconstitucional que refleja el odio”.

Por ello, insiste en que la intervención del Estado es fundamental para que se cumpla la igualdad de acceso y de derechos.

“La sociedad debe implementar la educación con enfoque de género y libertaria, que permita entender la dignidad humana de todos”.

Palacios recalca que es vital una política pública para el campo ocupacional, económico, crediticio, educativo, de salud; para que se acceda de manera igualitaria a  estos espacios. “Hay mucho que hacer para lograr la equidad de las mujeres y las personas de diferente condición sexo-genérica. Debemos recordar que nada de lo humano debe ser ajeno, todo lo que implica los matices enriquece el enorme tejido de la humanidad y cada uno es importante para llegar a una empatía y a respetarnos”.

La investigadora recuerda que la homosexualidad castigada como delito estuvo presente en el Código Penal desde 1938 (gobierno de Alberto Enríquez Gallo) hasta 1997, en la presidencia de Fabián Alarcón.|

Falta aplicar la normativa

La activista transfemenina Nua Fuentes cree que se lograron avances legislativos en favor de las minorías sexuales como la unión de hecho y el reconocimiento del género en la cédula; mas considera que no es suficiente.  “La violencia no solo es golpear, sino también no dar acceso a servicios como nos ocurre a las personas trans en el campo de la educación o de la salud pública”.

Para Nua el problema está en la falta de apoyo institucional desde otros espacios: cita el caso de Satya, la niña con dos madres. “La Constitución reconoce las familias diversas, pero el Registro Civil dice que no se puede inscribirla. Falta una conexión entre todas las leyes para que los cambios se sientan”.

Recalca que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la comunidad de siquiatría desecharon de su manual de enfermedades a la homosexualidad.

Otras manifestaciones

Ian Rodríguez, de 28 años,  transexual masculino, recuerda que cuando iba a ingresar a un cargo como asistente de servicios al cliente en una institución bancaria de Guayaquil pasó todas pruebas sin problemas.  Empero luego de informar sobre su sexo en la ficha médica “me pusieron mil trabas”

. Ivanna Melgar, transexual femenina que tenía 15 años cuando despenalizaron la homosexualidad, expresa que la gente piensa que todas somos trabajadoras sexuales. “Cuando realizo algún trámite aún escucho que entre guardias se bromean: ‘Allí te buscan’”.

Asimismo, la trans Andrea Bravo, de 30 años, comenta que todavía recibe insultos cuando transita por la calle en Guayaquil. (I) et

Educación, la clave para terminar con la exclusión

→La jurista y defensora de los derechos humanos, Gabriela Flores, reconoce que en términos normativos existen avances y marcos suficientes en leyes específicas de educación, salud y demás. En ellos se establece que la atención debe ser igualitaria y sin discriminación. “Pero creo que falta la acción estatal a través de políticas públicas para que las leyes sean capaces de hacer cumplir todos los derechos”.

Además, considera que la negación de las medidas cautelares solicitadas por los grupos GLBTI en contra de la marcha ‘Con mis hijos no te metas’ marcó un precedente negativo. “Para mí el Estado es el llamado a impedir manifestaciones que normalicen la estigmatización y en este caso desaprovechó una oportunidad histórica para adoptar una postura de cero tolerancia a la discriminación”.  La especialista piensa que en la educación a las generaciones nuevas está la clave.

“La niñez y la juventud son el momento en que uno adopta una visión del mundo y si el Estado les expone de manera suficiente a todo tipo de personas, creo que los niños crecen normalizando la realidad de otros grupos como parte de la sociedad. Desde pequeños se les debe enseñar que todos tienen los mismos derechos y dignidad”. (I)

Muestra fotográfica recoge lucha transgénero

Las muertes y detenciones en el Centro Provisional de Quito, donde los grupos trans fueron reprimidos, y las protestas sociales de la Plaza Grande, donde se  lograron recoger firmas, son los temas que abarca la exposición fotográfica ‘Recordando a Coccinelle’. Esta resume los episodios vividos hasta antes de la eliminación de las leyes excluyentes. Coccinelle fue una trans italiana que visitó Ecuador y dejó su mensaje de lucha. Este nombre lo adoptó la primera organización de este tipo que se formó en Ecuador.

La exposición, que está abierta en la sala Joaquín Pinto, de la Casa de la Cultura, muestra en 40 imágenes la lucha de los travestis y transgénero de 1980 a 1990. La exhibición también estará del 27 de noviembre al 2 de diciembre en el Centro Cultural de la capital de Imbabura. Con el mismo nombre de ‘Coccinelle’ se proyectará el documental que hace memoria de lo vivido en la época de mayor violencia para estos grupos sociales.

También, hoy a las 16:00, en el Museo Presley Norton (de Guayaquil), se realizará la exposición fotográfica sobre los grupos diversos. Y en el hall de la Asamblea Nacional, en Quito, a las 10:00, habrá otra exhibición de imágenes sobre los derechos del grupo. (I)

 La historia

Condena desde 1906

→La penalización de la homosexualidad fue una constante histórica en el país. Estuvo en el código penal de 1906. Ahí, en el  Art. 364, se castigaba la sodomía con reclusión de 4 a 8 años y en caso de violencia iba de 8 a 12 años.

59 años tuvo de vigencia la condena con prisión para la homosexualidaden Ecuador.

Castigo no cambió

→El Código penal de 1938 introdujo cambios político-criminales tomando como referencia el derecho penal italiano, pero en el caso de la homosexualidad se mantuvo el espíritu de 1906.

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/1/los-glbti-aun-pagan-una-condena-moral
Si va a hacer uso de la misma, por favor, cite nuestra fuente y coloque un enlace hacia la nota original. www.eltelegrafo.com.ec

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